Por qué los grupos pequeños funcionan para hacer amigas
Los grupos pequeños funcionan mejor para hacer amigas porque la amistad necesita muchas horas con las mismas personas, cerca de casa y en encuentros que se repiten casi sin planearlos. En un grupo de madres de entre seis y diez, del mismo barrio, ves las mismas caras cada semana y todas caben en la conversación, algo que una comunidad de miles de personas no puede darte. Los foros grandes y las apps de citas de amistad uno a uno tienen su sitio, pero cumplen menos de esas condiciones a la vez. Y si ahora mismo sientes que te cuesta hacer amigas siendo madre, lo que viene a continuación quizá te quite un peso de encima: la investigación dice que hacer amigas lleva muchas horas, también cuando todo va bien.
¿Cuánto tiempo se tarda en hacer una amiga?
La cifra más citada viene de Jeffrey Hall, investigador de la Universidad de Kansas, que publicó en 2018 un estudio en el Journal of Social and Personal Relationships con dos grupos: 355 adultos que se habían mudado en los seis meses anteriores y 112 estudiantes que empezaban la universidad. Según el resumen de su universidad, hacen falta unas 50 horas juntas para pasar de conocidas a amigas casuales, unas 90 para ser amigas y más de 200 para llegar a ser amigas íntimas. Y hay un detalle que como madre adulta te puede aliviar mucho: según el análisis de Greater Good (Universidad de California, Berkeley), los adultos que se habían mudado necesitaban bastantes más horas que los estudiantes para dar cada paso. Así que si sientes que de adulta todo va más despacio, no son imaginaciones tuyas ni es que hagas algo mal. Ese ritmo más lento es justo lo que encontró el estudio en los adultos.
Hall también vio que no todo el tiempo cuenta igual. Las horas de trabajo compartido apenas sumaban, y lo que acercaba a la gente era pasar el rato, ponerse al día, bromear y tener alguna conversación seria. Haz la cuenta con un bebé en brazos: si quedas dos horas a la semana con alguien, tardas unos seis meses en acumular esas primeras 50 horas. Visto así, es normal que tras unas cuantas quedadas todavía no sientas que tienes una amiga, y date permiso para no tener prisa. Eso sí, esas horas solo llegan si quedar es fácil y se repite, y ahí es donde el tamaño y la cercanía del grupo ayudan tanto.
Por qué ayuda tanto vivir cerca y coincidir sin planearlo
En un estudio publicado en 1950, los psicólogos Leon Festinger, Stanley Schachter y Kurt Back analizaron las amistades en Westgate, un conjunto de viviendas para estudiantes casados del MIT en el que las familias habían sido asignadas a los pisos al azar. Encontraron que las personas que vivían más cerca, o que se cruzaban de camino a casa, tenían muchas más probabilidades de hacerse amigas que las que no tenían ocasión de coincidir. Un análisis posterior publicado en arXiv recuerda además una limitación curiosa: el estudio miraba sobre todo a los hombres y pudo pasar por alto el papel de las mujeres en esa red de amistades. Hay algo tranquilizador en ese estudio tan antiguo: buena parte de la amistad nace de algo tan sencillo como estar cerca a menudo, y eso es algo a lo que puedes hacerle hueco.
La socióloga Rebecca G. Adams, citada en un artículo del New York Times de 2012 sobre lo difícil que es hacer amigos de adulto, lo resume en tres condiciones: cercanía, interacciones repetidas y no planeadas, y un ambiente que invite a bajar la guardia y contar cosas. Es justo lo que se pierde al salir de la universidad, así que si notas que te cuesta más que antes, tiene una explicación. Y lo bonito es que con un bebé esas condiciones pueden volver si las amigas viven a cinco minutos. Coincidir en el parque un martes cualquiera, encontrarte en la farmacia o bajar juntas a la biblioteca cuenta mucho más de lo que parece.
¿Por qué importa el tamaño del grupo?
Hay un motivo muy práctico para no querer grupos enormes. Robin Dunbar y sus colegas observaron en 1995 que las conversaciones espontáneas rara vez incluyen a más de unas cuatro personas, un límite que relacionaron con cómo producimos y oímos el habla. Cuando un grupo crece, se parte solo en corrillos. Con ocho madres en un parque eso es perfecto, porque se forman dos o tres conversaciones y cada semana te toca hablar con alguien distinto sin dejar de ver a las demás. Con cuarenta, cada quedada tiene caras nuevas y es difícil sumar horas con las mismas personas. Si alguna vez has salido de una quedada multitudinaria sintiéndote más sola que al llegar, es posible que el tamaño del grupo tuviera mucho que ver.
En internet pasa algo parecido. Jakob Nielsen describió en 2006 la llamada regla 90-9-1: en las comunidades online grandes, más o menos el 90 % de la gente solo lee, el 9 % participa de vez en cuando y el 1 % aporta casi todo el contenido. El propio Nielsen la presenta como una aproximación, y aun así es fácil reconocerla en esos grupos de madres con cientos de miembros donde lees mucho y llegas a conocer a muy poca gente. Así que si tú eres de las que leen sin escribir, estás en una compañía enorme, y no significa que no tengas nada que aportar.
Lo que sí aportan los foros grandes y las apps uno a uno
Ser honesta con esto ayuda a elegir bien. Un foro grande o un grupo de madres de tu ciudad con cientos de personas es buenísimo para resolver dudas a las tres de la mañana, encontrar ropa de segunda mano o saber qué pediatra tiene buena fama en tu zona. Lo que rara vez te da es la repetición con las mismas caras que pide la investigación, y por eso es normal que, aunque te ayude mucho, no te haga sentir menos sola.
Las apps que te emparejan con otra madre de una en una tienen ventajas reales: la conversación es más fácil, puedes buscar afinidades concretas y quedar con una sola persona da menos vergüenza que presentarte ante un grupo. Lo delicado es que todo depende de una sola química y de una sola agenda. Si una de las dos cancela porque el bebé tiene fiebre, no hay quedada, y si no conectáis, vuelves a empezar de cero, algo que puede doler aunque no sea culpa de nadie. En un grupo pequeño, una cancelación no rompe nada, porque las demás siguen yendo al parque.
Cómo sacar partido a un grupo pequeño de madres
Si ya tienes un grupo, o te apetece formarlo, lo que más suele ayudar es convertir los encuentros en costumbre. Un día fijo, una hora fija y un sitio fijo (el mismo banco del mismo parque, la misma biblioteca cuando llueve) hacen que nadie tenga que organizar nada y que quedar deje de depender de que alguien tome la iniciativa cada semana.
Los planes pequeños también suman. Avisar en el chat de que vas a dar un paseo a las once para quien se quiera unir es la versión adulta de esos encuentros no planeados de los que habla Adams. Y si alguien te cae especialmente bien, puedes invitarla a algo más, aunque te dé un poco de reparo, porque como dijo Hall, no puedes obligar a nadie a pasar tiempo contigo, pero sí puedes invitarla.
Para encontrar ese grupo tienes varias vías: los grupos de posparto o lactancia de tu centro de salud (pregunta a tu matrona), las actividades para bebés de la biblioteca de tu barrio o, simplemente, la madre que ves siempre en los columpios. TribuMama nació con esta misma idea: junta a madres del mismo barrio en tribus de hasta diez personas, a un paseo de casa, sin feed ni seguidores, para quedar en persona. Si tienes dudas sobre cómo funciona, están resueltas en las preguntas frecuentes.
Si te llevas una sola idea de todo esto, que sea que la amistad de adulta suele ir despacio, y que eso no dice nada malo de ti. Cada paseo con el carrito y cada café a medias en el parque van sumando horas aunque no lo notes. Si sigues yendo cuando puedes, un día te darás cuenta de que esas caras conocidas se han convertido en tu gente.
Fuentes
- How to make friends? Study reveals how many hours it takes, University of Kansas (2018)
- How Long Does It Take to Make a Friend?, Greater Good Magazine, UC Berkeley (2018)
- Can Smartphone Co-locations Detect Friendship? It Depends How You Model It, Malik et al., arXiv (2020)
- Life Course Leads to Loneliness?, The Society Pages, sobre el artículo del New York Times (2012)
- Size and structure of freely forming conversational groups, Dunbar, Duncan y Nettle, Human Nature (1995)
- The 90-9-1 Rule for Participation Inequality in Social Media and Online Communities, Nielsen Norman Group (2006)
